Con su serie “Centro de mis amores”, el fotógrafo mexicano Jorge Benítez comparte su visión de la capital más grande del mundo

Jorge Benítez nació en la ciudad de México. Es chilango de verdad y conoce los más remotos rincones de la capital como la palma de su mano. Lo que le encanta más es andar por las calles del centro histórico, llenas de vida y movimiento.
Su pasión por su ciudad y su gente le deja capturar lo cotidiano tanto como los sueños de los vendedores ambulantes y de los transeúntes que conviven en sus avenidas centenarias;
 Desde su primera exposición en el año 1984, Jorge se dedica a retratar la gente humilde de esta capital que a pesar de su gigantesco tamaño conserva una dimensión humana y una autenticidad.
 Su serie “Centro de mis amores” es un homenaje a su ciudad natal que conoce mejor que nadie, y cuyos secretos nos desvela a través de 30 obras atemporales en blanco y negro que él mismo reveló en su cuarto oscuro de Coyoacán, D.F.

Ilusion óptica

Perruchin

Resplandor

Ayer y hoy

A diez pesos

Después de la tempestad

Añoranza

Cuenca de Anáhuac

Joya de la corona

Descansando

Obscuro objeto de deseo

Marylin en México

Ir y venir

Cada quien su chamba

Palacio Bellas Artes

Pausa

Pásele merchanta

Patitas de pollo

Ruinas que ves

Velo de novia

Si alguna vez

Super Barrio Gómez

Contrastes

Plaza Juárez

Tiempo de espera

Ventana indiscreta

Edificio La nacional

Edificio Loteria nacional

Ciudad prometida

Vuelo del águila

Dos poemas de nuestra talentosa colaboradora Silvia Llanto

LA COMPRA DEL PAN

Compro el pan recién hecho
lo llevo con cariño
queriendo que de él nazcan
migajas de consuelo
que los pájaros no coman.

Silvia Llanto ( Mataró 2013)

JUGAR A LA GALLINA CIEGA

Yo juego a desmadejar
el ovillo de lana del érase una vez
toco
siento
presiento
como la gallina ciega que acaba de nacer.

Silvia Llanto ( Mataró 2013)

Descubriendo negativos pintados y la serie “Impacto policromático” del artista Victor Echeverría

En la familia de Víctor Echeverría, la fotografía es una tradición que se remonta a finales del siglo XIX, cuando su tío abuelo instaló en Oaxaca un estudio fotográfico. Así, desde niño, Víctor se vio rodeado del ambiente y de las técnicas fotográficas.

Cuando contaba con 12 años ganó un concurso de pintura y dibujo a nivel nacional y empezó su aprendizaje en el retoque de negativos. A lo largo de estos años desarrolló esta técnica de pintura en negativos, donde combina con talento sus dos pasiones de una manera directa. El resultado son fotos donde colores naturales juegan con tonos y elementos oníricos.

Víctor va más allá de la realidad y nos lleva a un mundo poético lleno de encanto y fuera del tiempo. Ningún otro país pudiera prestarse mejor a su visión policromática, ya que en México, el color es parte del ambiente.

Todas las fotos de la serie “Impacto policromático” se ampliaron usando la técnica húmeda tradicional a partir de negativos en blanco y negro o a color pintados a mano. Se escanearon luego para obtener archivos digitales.

Zócalo de mis recuerdos

Vendedor de plátanos

Ex-hacienda del Mogote en Etla

Baile del guajolote

Homenaje a Tamayo 1

El Grito

Esquina con árbol

Árbol en patio

Corazón espinado

Homenaje a Tamayo 2

Cactus con su familia

Maguey

Sala de las seis columnas en Mitla 1

Danzante en Monte Alban

Árbol en Monte Alban

Sala de las seis columnas en Mitla 2

Columnas en Lambityeco

Xoloitzcuintle

Capilla en Tlacochahuaya 1

Interior de iglesia

El Rezo

Capilla en Tlacochahuaya 2





Ángel de la guardia

Homenaje a Tamayo 3


Lavaderos

Familia trabajando
Cocineras en su casa

Hombre con pez

Músico con tuba

Y toca la banda


“Hermanos de sangre”, un cuento de nuestra colaboradora Silvia Llanto

Hermanos de sangre

Clara Beltrán tomaba el café con agudas punzadas en las tripas, el dolor no era un capricho de su imaginación, el dolor había sido su alimento desde niña y ahora mientras tomaba el café y leía el periódico trataba de entender por qué hizo lo que hizo. Él la miraba desde la primera plana del diario acusándola como cuando eran niños de decapitar las muñecas llenas de tierra que sacaba del jardín, riéndose de los azotes que le caían por “hacer esas cosas tan feas”, por su  culpa a ojos de todos fue una asesina de muñecas sin ningún derecho a reclamar cariño, por su culpa fue la única  merecedora de los castigos paternos y él se convirtió en su carcelero más feroz.

En todos esos años, algo dentro de sí se había perdido irremediablemente, no podía precisar qué, pero sin duda no era la misma niña mendigante de amor que un día ambicionó ser como él. Recordaba perfectamente el hechizo que su hermano ejercía sobre las personas: ¡qué preciosidad! ¡qué niño más guapo! Exclamaban las tías comiéndolo a besos e ignorando soberanamente la presencia de la hermana mayor como si por encanto ella se volviera invisible. Para cuando se percataban de su existencia, volteaban a mirarla y con voz desganada decían:¡qué mona! Así mismo se sentía desde que su hermano llegó a casa: una mona peluda y negra enjaulada entre cuatro paredes junto a Mr. Universo que fue como terminó llamándolo.

Mr. Universo  fue dotado con todas las gracias de la naturaleza, para satisfacción de su padre que veía así cumplidos sus sueños de tener un varón que perpetuara el apellido familiar hasta el fin de los tiempos. Una mona como ella no tenía ninguna opción frente a tan magnífico ejemplar. Mr. Universo era como una estrella, le bastaba entrar a una habitación para que todo girara alrededor suyo, dejándole a ella una nada oscura como un agujero. Por eso decidió odiarlo hasta la muerte y deseó con todas las fuerzas de su corazón de niña mona que muriera, no le importaba cómo. Con el tiempo esos deseos se le atemperaron dejando espacio a un callado rencor  pero ahora que lo veía en la portada del diario, tenía claro que su hermano no tenía cara de asesino: esos enormes lagos azules imperturbables como un mar sin olas antes del fin del mundo no mostraban ningún vestigio de maldad y podían engañar a cualquiera, incluso a sus padres, porque el hijo menor de los Beltrán era un animal, una bestia con cara de ángel, un error de Dios como decían todos en el pueblo.

“Son muchos los errores de Dios” pensaba Clara, mientras leía los escabrosos detalles de los crímenes. “El mal no tiene rostro, ni color, ni siquiera apesta”- se decía así misma-  porque puede oler tan bien como las camisas recién planchadas que quedaron en el cuarto de su hermano, el día que salió esposado de la casa familiar. En su memoria estaba fresco el recuerdo de esa mañana: su hermano se miraba en el espejo del salón como hacía siempre antes de salir a la calle, buscaba alguna imperfección en el rostro, en la camisa de seda que ella había lavado el día anterior. Las camisas de seda eran sus favoritas, él deslizaba la yema de los dedos por la superficie como si se acariciara así mismo, olvidándose en ese acto mínimo del tiempo y del mundo. Ese día, a ella el tiempo se le hizo eterno. Mientras esperaba la llegada de la policía el corazón le latía desbocado anhelante de venganza, pero para cuando desenterraron los cadáveres de las ex de su hermano la carcomía el remordimiento. No pudo hacer nada por ellas. Los cuerpos estaban irreconocibles, rodeados de ese olor a tierra, vegetación y podredumbre  que amó desde su niñez de niña mona. Ese paraíso salvaje donde alguna vez retozó como un perro olvidado yacía destruido ante sus ojos como un viejo cementerio.

 “Eran como ella, es decir feas” Aunque todas lo parecían a su lado. No es fácil vivir con la perfección al lado, ser como un satélite orbitando un planeta frío es una desgracia. Ella prefería ignorar todo aunque le dieran pena: se encerraba en su cuarto y salía al día siguiente como quién sale de una alucinación. “Eran tan feas como ella” esa afirmación figuraba en el atestado policial que incriminaba a su hermano: “las llevaba a casa y las envenenaba…acto seguido procedía a dar rienda suelta a sus pervertidos hábitos”. Conocía bien esos hábitos, la razón de sus apetencias más escondidas mezclándose con su sangre de hermana. Nunca había opuesto resistencia y de alguna forma u otra ella también se sentía culpable.

Todo había terminado. Pensó en esa casa, en las habitaciones vacías inmersas en la oscuridad, en la lenta erupción de la culpa, en esas mujeres pidiendo ayuda antes de caer muertas. Las compadecía tanto como ella se compadecía así misma. Casi no las recordaba aunque cada noche despertaba invadida por sus lamentos. Ahora el dolor la envolvía a ella  como un sudario  mientras veía los ojos de su hermano en la portada: no tenía ninguna pena por él. Un día debía pasar, tenían la misma sangre, bastaba con ser capaz de una traición. Se sorprendió de la serenidad con la que llamó a la comisaría como si su cuerpo se hubiera separado de su mente, estaba tan tranquila como cuando veía caer la lluvia, caer y caer miles de gotas de lluvia interminablemente. Había esperado muchos años para hacer lo que hizo. Esas mujeres no se habían salvado y no tendría que ser diferente con ella. La vista se le fue nublando, la taza de café fue perdiendo  forma, también la imagen de su hermano se disolvía como cuando una estrella se apaga y ella seguía el destino inevitable de todos los satélites. No tenía miedo, sencillamente estaba agotada y aunque estaba casi ciega aún lo veía danzando en su interior tentándola al crimen.
 
Silvia Llanto Cadenas
Mataró Octubre 2013

En esta temporada de Muertos, publicamos un poema que nuestra colaboradora Nadia López García nos manda desde la Mixteca

"Los Ñuu savi, el pueblo de lluvia, somos uno de los pueblos que viven en la Mixteca de Oaxaca, México. Lugar inconfundible de la palma trenzada y nubes bajas, con ese olor profundo a café tostado, a recuerdo, a esperanza. Nuestra lengua de lluvia, moja la tierra de donde salen las flores blancas, las que curan el alma." N.L.G.

Me matzanu Catarina 

© Orgullo Mixteco

 

Yukuzuyu

Ñu ini yuu yoo ndakachi tanta casi yuu chaa. Me matzanu nchachá, nchachá vicoo´ tzi savi.
Coí nicanchii, anga nachuncha tucani, anga chiküi, anga inchaá nazaá
Í kuyuzuyu cuu tzindanchi cocó, ndanducu co ichi nutzikaá.
Ningunnara tda cuni yuu nuku me Nana luu´, nacoo´ yukuzuyu.
Coí tutsi kooï, chaanchee mehú nchachá, nacoo´ yukuzuyu


Dormir

Extraño su olor mientras escribo. Mi bisabuela tiene alas, alas de nube y lluvia.
No hay sol, pero hay esperanza, hay recuerdo,
Uno duerme y puede regresar, buscar el camino en la lejanía.
Pronto te veré mi madrecita, cuando vayamos a dormir.
No habrá dolor, ni ausencia, veré tus alas, cuando vayamos a dormir.

 Nadia López García
Del pueblo Ñuu Savi, perteneciente a  la región de la Mixteca en Oaxaca,  hablante de la lengua Mixteca.
Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Email: nadialg.unam@gmail.com

“Estilo Dominicano”: el fotorreportaje de María José Bello

Fotorreportaje de las peluquerías dominicanas del Poble Sec

"Siempre me han gustado las peluquerías: la intimidad que se genera en sus espacios, contarse la vida entre extraños, mirarse a través de los espejos, asistir a los diálogos más banales o trascendentales, leer revistas de cotilleo y de moda mientras se espera, asombrarse con los gustos televisivos o musicales de las peluqueras….de hecho cada vez que viajo, intento cortarme el pelo, para acceder a un trocito concentrado de la realidad cultural del sitio que visito. Esta vez, en Barcelona, donde vivo desde hace dos años, quise adentrarme por unos días en las peluquerías del Poble Sec. Las tres donde me abrieron las puertas, resultaron ser de dominicanos. Rememoré mi viaje a Cuba de hace diez años. “El acento de ustedes se parece al cubano, no?” “Noooo”, me responden al unísono dos personas que esperan ser atendidas.” ¿Y tú eres argentina?” “No, soy chilena”, les digo y nos reímos. Mientras recorro con la cámara los rincones y las escenas de estos lugares, hablamos de la crisis, de los problemas con los papeles, de sus familias en Nueva York, de la cotidianeidad de las mujeres latinas que cuidan a mujeres mayores españolas, de los hijos que se quedaron en Santo Domingo, de las esposas celosas, y de pronto nos conocemos un poco y me regalan estas imágenes..."

María José Bello



















Exposición fotográfica “Estilo Dominicano” de María José Bello

Os invitamos a la inauguración de la exposición fotográfica "Estilo Dominicano" de  María José Bello que tendrá lugar el próximo viernes 14 de junio a las 18:30 en el Casal de Joves Palau Alòs. La periodista y fotógrafa chilena nos contará sobre el proceso creativo de este fotorreportaje en que retrata las peluquerías dominicanas del Poble Sec y explicará su interés por utilizar la fotografía como una herramienta de representación política e identitaria que se aleje de la visión sensacionalista que predomina en el mundo del fotoperiodismo.